III Domingo de Adviento

17 de diciembre de 2017
(Ciclo B - Año par)






  • Desbordo de gozo en el Señor (Is 61, 1-2a. 10-11)
  • Me alegro con mi Dios (Lc 1, 46-50. 53-54)
  • Que vuestro espíritu, alma y cuerpo se mantenga hasta la venida del Señor (1 Tes 5, 16-24)
  • En medio de vosotros hay uno que no conocéis (Jn 1, 6-8. 19-28)
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Oración por la Iglesia

Te damos gracias, oh Padre nuestro,
por la santa viña de David, tu servidor,
que nos diste a conocer
por medio de Jesús, tu Hijo.
¡Gloria a Ti por los siglos!

Te damos gracias, oh Padre nuestro,
por la vida y el conocimiento
que nos manifestaste
por medio de Jesús, tu Hijo.
¡Gloria a Ti por los siglos!

Así como este pan que rompemos,
en otro tiempo diseminado por las colinas,
ha sido reunido para no formar más que uno,
así reúne a tu Iglesia
desde los confines de la tierra
en la unidad de tu reino.
Porque tuya es la gloria y el poder
por Jesucristo eternamente.

Te damos gracias, oh Padre santo,
por tu santo Nombre,
que hiciste morar en nuestros corazones,
y por el conocimiento y la fe y la inmortalidad
que nos diste a conocer
por medio de Jesús, tu Hijo.
¡Gloria a Ti por los siglos!

Tú, Señor omnipotente
creaste todas las cosas por causa de tu Nombre
y diste a los hombres
comida y bebida para su disfrute.
Pero a nosotros nos has dado
una comida y bebida espiritual
para la vida eterna.

Ante todo te damos gracias
porque eres poderoso.
A Ti sea la gloria por los siglos.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia,
líbrala de todo mal,
hazla perfecta en tu amor,
y reúnela de los cuatro vientos,
santificada,
en el reino que Tú has preparado.
Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.

¡Maranatha!
¡Que venga el Señor!
¡Que pase este mundo!
Hosanna al Dios de David!
¡Ven Señor Jesús!

De la Didaché, s. II

II Domingo de Adviento

10 de diciembre de 2017
(Ciclo B - Año par)






  • Preparadle un camino al Señor (Is 40, 1-5. 9-11)
  • Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación (Sal 84)
  • Esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva (2 Pe 3, 8-14)
  • Enderezad los senderos del Señor (Mc 1, 1-8)
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Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María

8 de diciembre de 2017
(Ciclo B - Año par)






  • Pongo hostilidad entre tu descendencia y la descendencia de la mujer (Gén 3, 9-15. 20)
  • Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas (Sal 97)
  • Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo (Ef 1, 3-6. 11-12)
  • Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1, 26-38)
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¿Por qué leer buena literatura?

Marilyne Robinson, la escritora norteamericana ganadora del Premio Pulitzer del año 2005 con su novela Gilead, escribe en uno de sus ensayos: “Añoro la civilización y quiero que me la devuelvan”.

Muchos hemos tenido momentos similares de añoranza en los últimos años. Añoranza de un mundo rico en ideas y debates sobre lo que somos y hacemos, y lo que deberíamos ser y hacer. Desearíamos volver a creer en el “arte de vivir” como un acto de buena fe entre los seres humanos, y entender que el acto más crítico para avanzar en el pensamiento y la democracia es nuestra capacidad de interactuar y debatir entre nosotros.

De forma similar a la capa fértil de la tierra, esos pocos centímetros de materia orgánica que constituyen el nutriente de nuestro planeta, la civilización es frágil. Cuando se erosiona, cuesta regenerarla, y si se consigue es a costa del esfuerzo de varias generaciones.

¿Cómo nos reencontramos con la civilización y cómo evitamos que se escurra entre nuestros dedos esa tierra fértil para la convivencia, el diálogo y el conocimiento? En un mundo en el que vamos estrechando el foco del aprendizaje, en el que el experto es el rey, nos encontramos con un modelo de conocimiento en el que cada día sabemos más y más de menos y menos cosas. 

Los libros nos enseñan a comprender cosas de un modo mucho más profundo que otras formas fáciles de información. En la actualidad no se trata de tener más información. Más que nunca se trata de tener criterio, de saber elegir lo que es relevante. Hoy se trata de saber descartar la información superflua y de adquirir un buen conocimiento. El poeta T. S. Eliot (1888-1965) lo formuló magistralmente en estos versos:

“¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?”

Lo primero que es necesario después de una inundación, sea de la magnitud que sea, siempre es una simple cosa: agua potable. Nuestro mundo ha sido arrollado por el tsunami del Internet, por la sobreinformación. Para conservar el equilibrio, la salud, la armonía y la paz es necesaria, más que nunca, agua potable, agua filtrada, justo la necesaria, nada de más y, sobre todo, filtrada.

Leer cosas buenas y hacerlo bien es como beber agua potable en un mundo colmado de agua insalubre, desbordado por una inundación en la que sobreabunda (como es propio de una inundación) lo que en su mayoría es muy malo, por trivial, por falso, por engañoso. Leer buena literatura es disfrutar de algo sano, de algo sabio, de algo profundo, de algo bello, de algo verdadero.

Pero hay una segunda razón más hermosa, fina delicada y profunda: “Entre dos cirujanos igualmente competentes, procure que le opere el haya leído a Chéjov” como escribió Simon Leys (1935-2014). Si nos tiene que operar un cirujano, si es igual de bueno uno que otro, pero uno de los dos se emociona leyendo a Antón Chéjov (1860-1904), estaremos menos solos con este último en la mesa de operaciones. Quien haya leído y se haya conmovido con Chéjov (o con otro autor igual, aunque haya pocos a su nivel) tendrá una profundidad de mirada que le hará ser mejor persona y, por tanto, mejor cirujano. O mejor panadero, mejor padre, mejor músico, mejor hijo… Casi sin duda: mejor lo que sea. Porque habrá tocado la esencia de la pregunta, habrá rozado el matiz; habrá dudado y habrá sacado la mejor versión de sí mismo, debido a que la belleza y la verdad son necesarias, entre otras cosas, porque nos transforman.

Añadamos que hay que leer reposadamente, huyendo de la velocidad, tal como afirma Fernando Valverde en un artículo titulado “Los libros no tienen prisa”: “La reivindicación de la prisa no sirve para los libros; el libro exige tiempo lento, la vuelta al placer. Prisa y lectura no casan”. La lectura reposada aporta intensidad y profundidad, con lo que se crean las condiciones para alcanzar una cierta serenidad. Es tiempo de pararse y pensar, sentir, ser conscientes. Estar aquí y ahora. Menos es más, también en la lectura y en la información. Leemos –cuando leemos bien- cosas de mayor calidad y mejores. Y las mejores lecturas nos hacen mejores. O menos peores.

Leer buenos libros nos enseña a convivir con las contradicciones de la existencia, nos enseña los modos de lidiar con ellas sin padecer esquizofrenia.


Autor: Jordi NADAL
Título: Libroterapia. Leer es vida
Editorial: Plataforma Editorial, Barcelona, 2017
(pp. 15-24)






I Domingo de Adviento

3 de diciembre de 2017
(Ciclo B - Año par)






  • ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses! (Is 63, 16c-17. 19c; 64, 2b-7)
  • Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve (Sal 79)
  • Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo (1 Cor 1, 3-9)
  • Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa (Mc 13, 33-37)
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Amar en exceso

«¿Qué diré de Vos, Dios mío? Diré que vuestro amor y vuestra misericordia se han unido en el exceso. Diré que me habéis amado sin ninguna medida. Diré que Vos que hacéis todas las cosas en número, peso y medida (Sb 11,20), en el amarme habéis sobrepasado todo peso, modo y medida».

San Juan Bosco

Domingo. Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

26 de noviembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • A vosotros, mi rebaño, yo voy a juzgar entre oveja y oveja (Ez 34, 11-12. 15-17)
  • El Señor es mi pastor, nada me falta (Sal 22)
  • Entregará el reino a Dios Padre, y así Dios será todo en todos (1 Cor 15, 20-26. 28)
  • Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros (Mt 25, 31-46)
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El culto de la Nueva Alianza. Un culto en espíritu y en verdad.



La tentación del hombre religioso

Hay una tentación que acompaña siempre al hombre religioso en su relación con Dios y que consiste en creer que a Dios se le puede tener contento ofreciéndoles una serie de “cosas” –animales, frutos de la tierra, limosnas- que le entregamos en el “culto” que le damos en su Templo, y que, procediendo así, Dios está de nuestra parte y nos otorga la seguridad y la protección que sólo Él puede dar frente a nuestros enemigos. Es como si Dios se conformara con que le entreguemos estos dones, sin que le entreguemos la conversión de nuestra vida, sin que le demos nuestro propio corazón . 

Los profetas insistieron mucho en que la posesión por parte de Israel de la alianza (Mq 2,6s), del Templo (Mq 3,11; Jr 7,2s), de la Ley (Jr 8,8), de la condición de hijos de Abraham (Ez 33,24), era como nada a los ojos de Dios si no iba unida a la conversión personal (Amós), al verdadero conocimiento de Yahveh (Oseas). Amós y Oseas insisten en la necesidad de una auténtica conversión interior: no se trata de acudir a tal o cual lugar de culto y allí ofrecer sacrificios. "Es a Yahveh a quien hay que buscar" (Am 5,4).

Los profetas afirmaron la primacía absoluta de la relación personal, viva y auténtica, con el Dios vivo sobre una relación totalmente externa, sin exigencia de conversión, basada en el ofrecimiento de sacrificios. Amós habla de la necesidad del derecho y la justicia (5,24), Oseas del amor verdadero ("porque yo quiero amor, no sacrifico" 6,6), Miqueas habla del amor y de "caminar humildemente con tu Dios" (6,6-8), el Salmo 50 habla de "un corazón contrito y humillado" (v. 19). Israel aprenderá durante el exilio que esta relación interior auténtica con Dios exige una transformación del corazón que supone una renovación total del propio ser, tan grande y tan radical que sólo Dios la puede otorgar por gracia. Y así se lo proclaman dos grandes profetas, Jeremías anunciando una nueva alianza en la que Dios escribirá su Ley en los corazones de los fieles (31,31-34), y Ezequiel hablando de un corazón nuevo y un espíritu nuevo (18,31; 36,26) .

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario

19 de noviembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Trabaja con la destreza de sus manos (Prov 31, 10-13. 19-20. 30-31)
  • Dichosos los que temen al Señor (Sal 127)
  • Que el Día del Señor no os sorprenda como un ladrón (1 Tes 5, 1-6)
  • Como has sido fiel en lo poco, entra en el gozo de tu señor (Mt 25, 14-30)
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Himno a Dios

Oh Tú, el más allá de todo,
¿no es eso todo lo que se puede cantar de Ti?
¿Qué himno te dirá el lenguaje?
Ninguna palabra te expresa,
¿a qué se puede aferrar el espíritu?
Tú superas toda comprensión.
Solo, Tú eres indecible
porque todo lo que se dice ha salido de Ti.
Solo, Tú eres incognoscible,
porque todo lo que se piensa ha salido de Ti.
Todos los seres,
los que hablan y los que son mudos,
te proclaman.
Todos los seres,
los que piensan y los que no tienen pensamiento,
te rinden homenaje.
El deseo universal,
el universal gemido tiende hacia Ti.
Todo lo que existe te ruega,
y todo ser que piensa tu universo
eleva hasta Ti un himno de silencio.
Todo lo que permanece, permanece por Ti,
por Ti subsiste el movimiento universal.
Tú eres el fin de todos los seres,
Tú eres todo ser y no eres ninguno.
Tú no eres un solo ser,
Tú no eres su conjunto,
Tú tienes todos los nombres,
¿y cómo te nombraría yo a Ti,
al único que no se puede nombrar?
¿Qué espíritu celeste podrá penetrar las nubes
que cubren el mismo cielo?
Ten piedad, oh Tú, el más allá de todo,
¿no es esto todo lo que se puede cantar de Ti?

San Gregorio Nacianceno

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

12 de noviembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Quienes buscan la sabiduría la encuentran (Sab 6, 12-16)
  • Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío (Sal 62)
  • Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto (1 Tes 4, 13-18)
  • ¡Que llega el esposo, salid al encuentro! (Mt 25, 1-13)
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La complejidad inextricable de la vida

(Dell es un muchacho de quince años que se encuentra totalmente solo en la vida, porque sus padres están encarcelados y su única hermana ha huido de casa antes de que lleguen los servicios sociales de EE UU y los ingresen en un orfanato. Desde la cárcel, la madre ha aceptado la propuesta de una amiga suya de esconder a su hijo en Canadá, en casa de un hermano suyo llamado Arthur, que vive refugiado allí desde hace muchos años, para evitar que crezca con el estigma de unos padres delincuentes. Ahora el chico se encuentra en Canadá, a cargo de Arthur, que le ha dado como alojamiento una habitación dentro de una casucha, que parece casi una choza, en una aldea abandonada llamada Partreau, donde no vive prácticamente nadie y desde la que se desplaza cada día a siete kilómetros de distancia, en bicicleta, para fregar los suelos en el hotel que Arthur posee en una ciudad llamada Fort Royal. Arthur tiene una amiga, Florence, a la que le gusta pintar; es una mujer que ha llevado una vida alegre, que tiene varios hijos que ya no viven con ella. Florence está pintando un paisaje cerca de la casucha en la que vive Dell, el cual se acerca a ver cómo pinta y empieza a hablar con ella)

- ¿Sabe por qué me tiene aquí el señor Arthur Remlinger? -pregunté. 

No pensaba decir eso. Pero era un gran desahogo hablar con alguien a quien parecía gustarle.

- ¿Estás preocupado porque no te ha hecho ningún caso?

- A veces.

Deseé haber dicho «sí», ya que era verdad.

- Bien, no dejes que eso te preocupe -dijo Florence, metiendo la punta del pincel en la lata que tenía junto a los pies, en el pavimento-. La gente como Arthur no conecta espontáneamente con el mundo. Lo ves enseguida. Seguramente ni se ha dado cuenta de que no te hace ningún caso. Es un hombre muy inteligente. Estudió en Harvard. Puede que piense que es importante para ti que te adaptes al hecho de estar solo. La gente, además, no hace nunca lo que esperas que haga. Arthur te está haciendo un favor. Para él quizá eres una novedad. -Me dirigió una sonrisa traviesa y miró las nubes-. Odio esos cielos de mármol.

Alzó el pincel y trazó una línea de equis en el aire, como si pudiera pintar de otro color el cielo. Luego volvió a meter el pincel en la lata, y lo dejó dentro.

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

5 de noviembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Os habéis separado del camino recto y habéis hecho que muchos tropiecen en la ley (Mal 1, 14b-2, 2b. 8-10)
  • Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor (Sal 130)
  • Deseábamos entregaros no solo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas (1 Tes 2, 7b-9. 13)
  • Ellos dicen, pero no hacen (Mt 23, 1-12)
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Todos los santos

1 de noviembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas (Ap 7, 2-4. 9-14)
  • Esta es la generación que busca tu rostro, Señor (Sal 23)
  • Veremos a Dios tal cual es (1 Jn 3, 1-3)
  • Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo (Mt 5, 1-12a)
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¿Qué es lo más dañino que está trayendo la globalización?

Un discurso de derechos sin deberes.
Un feminismo radical que cambia la identidad de la mujer.
Y, al hacerlo, también interfiere en la identidad del hombre.
Un democratismo que habla de una igualdad
que es imposible de conseguir,
pero que además viene con un individualismo
que ciega a la gente para ver las necesidades de los demás.
Nos encerramos cada vez más en el yo,
en mis intereses
y dejamos a muchos fuera.

Antoinette KANKINDI
Congoleña, profesora de filosofía en la universidad de Nairobi

XXX Domingo del Tiempo Ordinario

29 de octubre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Si explotáis a viudas y a huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros (Éx 22, 20-26)
  • Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza (Sal 17)
  • Os convertisteis, abandonando los ídolos, para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo (1 Tes 1, 5c-10)
  • Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo (Mt 22, 34-40)
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Los dos caminos (Salmo 1)


Catequesis parroquial nº 140
Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 18 de octubre de 2017
Para escuchar la charla, pulse aquí: http://www.ivoox.com/21639933

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

22 de octubre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Yo he tomado de la mano a Ciro, para doblegar ante él las naciones (Is 45, 1. 4-6)
  • Aclamad la gloria y el poder del Señor (Sal 95)
  • Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza (1 Tes 1, 1-5b)
  • Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios (Mt 22, 15-21)
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"La fe, un don que cambia la vida"


Charla sobre la fe impartida por D. Fernando Colomer en la sede del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Murcia (16/10/2017).

El misterio del templo en la historia de la salvación


El misterio del Templo es el misterio de los diferentes modos de presencia, de habitación, de Dios en medio de los hombres. Pues el templo es esencialmente el “lugar” en el que el hombre puede encontrar a Dios y relacionarse de manera especial con Él, para darle gracias, suplicar su perdón, pedirle su ayuda, ofrecerle su reconocimiento etc. etc. La idea del templo es una idea profundamente humana, que encontramos plasmada en todas las religiones y en todas las culturas. En esta catequesis queremos meditar sobre este misterio a la luz de la Revelación; queremos contemplar lo que Dios ha revelado al respecto a lo largo de la historia de la salvación, considerando los diferentes modos en que Dios nos ha propuesto su Presencia en medio de nosotros en el transcurso de esta historia.

Y en este sentido, como vamos a ver, la Revelación bíblica está articulada sobre una paradoja: por un lado se contesta la posibilidad de un templo, se la declara innecesaria e incluso imposible, y sin embargo se da paso y legitimidad a la construcción del templo de Jerusalén, aunque dicha construcción va acompañada de una misteriosa promesa que acabará haciendo superflua la existencia de ese mismo templo (cf. 1R 8, 27; Is 66, 1-2).

EL TEMPLO CÓSMICO


El primero de estos modos consiste en la creación, es decir, en la presencia de Dios en las cosas a fin de que, simplemente, sean. Pues las cosas, por el simple hecho de existir, de ser y de ser tales o cuales, representan un reflejo lejano de una u otra perfección de Dios, quien las realiza todas en forma supereminente y con una absoluta simplicidad. Para que existan los seres distintos de Dios es necesaria la intervención de la potencia creadora de Dios. De suerte que Dios está presente en todas las cosas por su potencia y según una semejanza, un parentesco, lejanos aunque reales. Podríamos decir que se trata de una “presencia distante”. Y sin embargo, la causalidad de Dios, que hace existir todas las cosas, al ser Dios mismo, entraña la presencia de la Esencia divina que no puede dejar de henchir con su Presencia, desde que existe su creación, ese mundo al que ha dado el ser y con respecto al cual continúa siendo transcendente.


XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario

15 de octubre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Preparará el Señor un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros (Is 25, 6-10a)
  • Habitaré en la casa del Señor por años sin término (Sal 22)
  • Todo lo puedo en aquel que me conforta (Flp 4, 12-14. 19-20)
  • A todos los que encontréis, llamadlos a la boda (Mt 22, 1-14)
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Paz a los hombres de mala voluntad

Que sea tenido en cuenta el bien y no el mal.
Con ocasión del Yom Kipour, ¡paz a los hombres de mala voluntad!
Que cese la venganza…

Los crímenes han superado toda medida.
Hay demasiados mártires.
No midas, Señor, sus sufrimientos con el peso de tu justicia,
ni cargues esos sufrimientos en la cuenta de los verdugos
para hacerles pagar una terrible factura.

Que sean pagados de otra manera.
Cuenta, Señor, a favor de los verdugos,
de los delatores, de los traidores y de todos los hombres de mala voluntad,
el coraje y la fuerza espiritual de los otros,
su humildad, su dignidad, su lucha interior constante
y su invencible esperanza;
la sonrisa que restañaba las lágrimas, su amor,
sus corazones rotos que permanecían firmes y confiados
ante la misma muerte, sí, incluso en los momentos
de la más extrema debilidad…

Que todo eso sea depositado ante Ti, oh Señor,
para el perdón de los pecados,
como rescate para el triunfo de la justicia:
¡Que sea tenido en cuenta el bien y no el mal!
Y que permanezcamos en el recuerdo de nuestros enemigos
no como sus víctimas, no como una pesadilla,
no como unos espectros que siguen sus pasos,
sino como una ayuda en su combate,
para destruir la furia de sus pasiones criminales.
Nosotros no les pedimos nada más.

Y cuando todo esto habrá terminado,
concédenos vivir como hombres en medio de los hombres,
y que la paz vuelva sobre nuestra pobre tierra.
Paz para los hombres de buena voluntad
Y paz también para todos los demás.




Oración de un judío anónimo, escrita en yiddish, encontrada en el campo de exterminio de Birkenau


XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

8 de octubre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • La viña del Señor del universo es la casa de Israel (Is 5, 1-7)
  • La viña del Señor es la casa de Israel (Sal 79)
  • Ponedlo por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros (Flp 4, 6-9)
  • Arrendará la viña a otros labradores (Mt 21, 33-43)
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La ejecución del oficial alemán

(Esta larga novela tiene como protagonista a un sacerdote francés, el abate Gastón, que es un hombre de escasos recursos expresivos, pero profundamente bueno y creyente. Es un patriota convencido, que participó como capellán castrense en la Gran Guerra y que es uno de los sacerdotes colaboradores de una de las parroquias de París. Allí le ha sorprendido la ocupación de la ciudad por el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial y allí, por las curiosas circunstancias de la vida, ha conocido a una judía austriaca que ha huido de su país y que corre peligro de ser descubierta y deportada. La ha ayudado a escapar de la Gestapo, aunque sorprendentemente un oficial de la Gestapo se ha enamorado de ella y quiere huir de París con ella. Los dos se aman y recurren a la bondad del abate Gastón para que les ayude a escapar en un París que ya empiezan a controlar los miembros de la resistencia, muchos de ellos comunistas convencidos. El abate accede y en su huida son descubiertos y apresados, en las afueras de París. La escena que vamos a leer es la de la ejecución del oficial alemán, que es católico y ha pedido confesarse con el abate Gastón)

Los tres guardias salieron de la habitación. El abate extrajo del bolsillo de su sotana la delgada estola de seda que siempre llevaba consigo. Era una estola blanca de un lado y violeta del otro. El lado blanco era para administrar la Santa Comunión, y el violeta, para oír las confesiones. El abate se colocó la estola sobre los hombros, con el lado violeta hacia fuera. Sabía que no habría ocasión para usar el lado blanco.

El sol llegaba a la ventana, cuando acabó de oír la confesión del oficial. Estaba suspendido sobre los árboles como un enorme globo y cubría de veloces lucecitas brillantes todo el piso. El dibujo de las luces sobre el piso hacía un efecto de agua movediza.

- No es fácil morir una mañana como ésta –dijo el oficial alemán.

- Pronto habrá terminado todo –lo consoló el abate.

- Pero de todos modos, debe sufrirse algo.

- Tal vez un dolorcito rápido; pero será un dolorcito muy rápido y nada más.

- No es el dolor lo que me da miedo, sino dejar a Raquel –explicó el oficial. Amo a Raquel. Quería seguir amándola mucho tiempo. Quería seguir amándola cuando fuese vieja, y pensar en lo mucho que la había amado cuando era joven. Tenía un nuevo vestido verde. Nunca la vi con su nuevo vestido verde.

- Son cosas duras las que dices, pero más allá de ellas hay una gran dulzura –dijo el abate Gastón. Ese es el verdadero misterio: que todas las cosas duras se convierten en dulzura. 

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

1 de octubre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Cuando el malvado se convierte de la maldad, salva su propia vida (Ez 18, 25-28)
  • Recuerda, Señor, tu ternura (Sal 24)
  • Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús (Flp 2, 1-11)
  • Se arrepintió y fue. Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios (Mt 21, 28-32)
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La esperanza cristiana

La esperanza es, precisamente, lo que nos permite caminar hacia el futuro, confiando en aquellos brotes que nos preanuncian la plenitud que anhelamos y que, además, nos permiten vencer los temores. Pues la vida humana tiene lugares donde surgen esos brotes de esperanza. Pensemos en la experiencia del amor, que contiene siempre una promesa de eternidad y permite a los enamorados imaginar un futuro de nuevas posibilidades. O en la experiencia de la generación de un hijo, donde, en el asombro por el nacimiento del hijo, experimentamos que en el origen de todo lo que somos y hacemos hay un don, un “tú” que nos ha reglado el don de la vida sin esperar nada a cambio; un gran amor que nos ha acogido en una familia y ha velado en todo momento por nosotros.

Pero todas estas esperanzas, por sí solas, se quedan cortas. Si podemos acogerlas es porque brilla ya en ellas esa gran esperanza de la que hablaba el papa emérito Benedicto XVI en su encíclica Spe salvi (cf. nº 39). Es la esperanza de Dios, la confianza de que la vida puede llegar a su meta y vencer todos los temores, incluido el de la muerte: esta esperanza es como la pepita de oro que brilla en el fondo de la batea, dando su verdadera medida a las esperanzas cotidianas.

XXV Domingo del Tiempo Ordinario

24 de septiembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Mis planes no son vuestros planes (Is 55, 6-9)
  • Cerca está el Señor de los que lo invocan (Sal 144)
  • Para mí la vida es Cristo (Flp 1, 20c-24. 27a)
  • ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? (Mt 20, 1-16)
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El combate contra el diablo



La vida cristiana como lucha

La vida del hombre sobre la tierra comporta siempre un combate espiritual en el que el hombre se debate entre el Bien y el Mal, entre Dios y el Maligno. Así lo recuerda el concilio Vaticano II: “A través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final (Mt 24, 13; 13, 24-30 y 36-43). Enzarzado en esta pelea, el hombre ha de luchar continuamente para acatar el Bien, y sólo a costa de grandes esfuerzos, con la ayuda de la gracia de Dios, es capaz de establecer la unidad en sí mismo” (GS 37).

La catequesis tradicional de la Iglesia se ha referido a ese combate como una lucha entre el alma, es decir, el hombre interior que quiere ser fiel a Dios, y sus tres enemigos: mundo demonio y carne. San Juan de la Cruz nos ilustra sobre este combate diciendo: “El mundo es el enemigo menos dificultoso. El demonio es más oscuro de entender; pero la carne es más tenaz que todos, y duran sus acometimientos mientras dura el hombre viejo. Para vencer a uno destos enemigos es menester vencerlos a todos tres; y, enflaquecido uno, se enflaquecen los otros dos; y vencidos todos tres, no le queda al alma más guerra” (Cautelas 2-3). 

En realidad, en el origen de todo está el Demonio, que fue quien indujo al primer Adán al pecado, una de cuyas consecuencias fue lo que denominamos la carne, es decir, la escisión interior que nos desgarra. También el mundo, como organización de la existencia contra Dios, es fruto de ese primer pecado. Por eso, en rigor de términos, es el Demonio quien se aprovecha del mundo y de la carne para inducirnos al mal.

Esta última dimensión del combate espiritual nos la revela san Pablo cuando afirma que “nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del mal que están en las alturas” (Ef 6, 12). Con estas palabras san Pablo nos dice que no basta con luchar contra las malas tendencias que llevamos dentro de nosotros (la carne) y contra las influencias perniciosas del ambiente (el mundo), sino que, en último término, se trata de luchar contra los demonios. Así nos lo recuerda la Iglesia cuando, el día de nuestro bautismo, nos pregunta si estamos dispuestos a renunciar a Satanás, a sus obras (los pecados) y a sus seducciones (las mentiras con las que intenta convencernos de que lo más inteligente que podemos hacer es pecar).

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

17 de septiembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados (Eclo 27,30 - 28,7)
  • El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia (Sal 102)
  • Ya vivamos, ya muramos, somos del Señor (Rom 14, 7-9)
  • No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete (Mt 18, 21-35)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf
(Nota.- Al no disponer de la homilía correspondiente al día, se ha puesto una homilía que hace referencia al Cantar de los Cantares).

Oración a la Virgen María

¡Oh María, tú eres mi esperanza y mi paz!
¡Cuando te amo y pienso en ti, oh María,
la alegría se apodera de mi corazón!
Si un disgusto turba mi espíritu,
basta que pronuncie tu nombre
para que desaparezca.
Sobre el mar del mundo
tú eres la estrella bienaventurada
que orienta mi nave.
Bajo tu amparo quiero vivir y morir.
Sí, tú eres mi Madre
porque tú eres Madre de mi Dios.
¿Qué puedo temer yo, María,
si tú me amas?
Reina poderosa sobre el corazón de Dios,
declara solamente que somos tus hijos,
y Dios tendrá piedad de nosotros
y seremos salvados.












San Alfonso María Ligorio (+ 1787)

Oración en formato pdf

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

10 de septiembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre (Ez 33, 7-9)
  • Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis vuestro corazón" (Sal 94)
  • La plenitud de la ley es el amor (Rom 13, 8-10)
  • Si te hace caso, has salvado a tu hermano (Mt 18, 15-20)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Cuatro pequeños trozos de pan

(Recogemos aquí algunas reflexiones de Magda Hollander-Lafon, judía húngara, deportada al campo de Auschwitz-Birkenau cuando tenía dieciséis años. Su familia fue completamente exterminada. Ella sobrevivió y, refugiada al final de la guerra en Francia, se convirtió al catolicismo y fue bautizada. Es madre de cuatro hijos y abuela de varios nietos)

En Birkenau, una agonizante me hizo una señal: abrió su mano, que contenía cuatro pequeños trozos de pan enmohecido y, con una voz apenas audible, me dijo: “Toma. Tu eres joven, tú debes vivir para testimoniar de lo que ocurre aquí. Tú debes decirlo para que esto no vuelva a ocurrir nunca más en el mundo.” Yo tomé esos cuatro trocitos de pan y me los comí delante de ella. y leí en su rostro, a la vez, la bondad y el abandono. Yo era muy joven y me sentí superada por este gesto y por la carga que lo sustentaba (73).

* * *

Se nos arrancaba toda identidad: recuerdos, vestidos, e incluso cabellos o dientes si estaban coronados de oro. Pero la fraternidad permanecía en el corazón de algunas e irradiaba.

Todavía escucho la voz cálida de una camarada que estaba allí desde hacía cinco años y nos decía: “Tened confianza en la vida. No cedáis a la desesperación. Cultivemos la amistad entre nosotras. Reagrupemos nuestras fuerzas. No perdamos el ánimo: los débiles no viven aquí. Es necesario sobrevivir. Hacen falta testigos”.

Estas palabras procedían de una hermana desconocida. Pero echaron raíces en mí y me han ayudado a vivir en los momentos de agotamiento.

Si hoy yo recorro, llena de agujetas, el puente de mi memoria, es para que viva durante mucho tiempo el recuerdo de estas palabras y de aquellos a los que se les robó su vida y que quisieron, hasta el final, darnos el coraje de vivir (51).

* * *

El misterio de los encuentros personales existe y me ha sostenido mediante su luz, y me ha dado varias veces la vida.

Hoy (1977) yo sé con certeza que el amor creador de mi esposo, mi amigo, me ha pacificado porque ha sabido creer en mí. Nosotros continuamos con las alegrías y las dificultades de cada día, pero con pasión, desde hace veintiún años, a reinventar el Amor.

Su familia se ha convertido también en la mía. Sus padres supieron decirle sin conocerme: “Si tú la has elegido, es que ella es buena”. Su confianza llenó de calor mi corazón y me ayudó en el camino de la reconciliación. 

Los mil milagros de la amistad me han permitido releer mi pasado con una mirada de esperanza (69).

XXII Domingo del Tiempo Ordinario

3 de septiembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • La palabra del Señor me ha servido de oprobio (Jer 20, 7-9)
  • Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío (Sal 62)
  • Presentad vuestros cuerpos como sacrificio vivo (Rom 12, 1-2)
  • Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo (Mt 16, 21-27)
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(Nota.- Al no disponer de la homilía correspondiente al día, se ha puesto una homilía que hace referencia al Cantar de los Cantares).

XXI Domingo del Tiempo Ordinario

27 de agosto de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Pongo sobre sus hombros la llave del palacio de David (Is 22, 19-23)
  • Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos (Sal 137)
  • De él, por él y para él existe todo (Rom 11, 33-36)
  • Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos (Mt 16, 13-20)
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(Nota.- Al no disponer de la homilía correspondiente al día, se ha puesto una homilía que hace referencia al Cantar de los Cantares).

Hacer siempre el bien

Si las personas son irrazonables, inconsecuentes y egoístas, ámalas de todos modos.

Si haces el bien, te acusarán de tener oscuros motivos egoístas, haz el bien de todos modos. 

El bien que hagas hoy será olvidado mañana, haz el bien de todos modos.

La sinceridad y la franqueza te hacen vulnerable, sé sincero y franco de todos modos.

Lo que has tardado años en construir puede ser destruido en una noche, vuélvelo a construir de todos modos.

Alguien que necesita ayuda de verdad puede atrasarte si lo ayudas, ayúdale de todos modos.

Da al mundo lo mejor que tienes y te golpearán a pesar de ello, da al mundo lo mejor que tienes de todos modos.

Porque Dios conoce nuestras debilidades y nos ama de todos modos.

Madre Teresa de Calcuta



XX Domingo del Tiempo Ordinario

20 de agosto de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • A los extranjeros los traeré a mi monte santo (Is 56, 1. 6-7)
  • Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben (Sal 66)
  • Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel (Rom 11, 13-15. 29-32)
  • Mujer, qué grande es tu fe (Mt 15, 21-28)
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(Nota.- Al no disponer de la homilía correspondiente al día, se ha puesto una homilía que hace referencia al Cantar de los Cantares).

La familia y los medios de comunicación social

José Luis Restán

Siempre pienso que la problemática generada por el mundo de la comunicación social, se resuelve en última instancia “fuera” de ese ámbito. A fin de cuentas los medios son instrumentos, y aunque generan y moldean un tipo de cultura, también son tributarios de una cultura y una sociedad que son previas. Y esto vale también para la familia.

Partimos de un dato que se puede constatar: la cultura de fondo que domina en los grandes medios de comunicación social, provoca una sospecha respecto al valor de la familia, entendida como compromiso público y estable adquirido por un hombre y una mujer, abierto a la transmisión de la vida y dedicado a la educación de los hijos.

1.- Algunos rasgos dominantes de la cultura determinada por la comunicación global.

a) Individualismo y disgregación. Atravesamos un momento de intensa ruptura de vínculos, tanto con el pasado (Tradición) como en el presente (debilidad de la pertenencia a las comunidades naturales: familia, pueblo, escuela, comunidades religiosas…). El hombre se contempla como “mero experimento de sí mismo”, y esto anula la idea misma de educación, de traditio. El resultado es que la persona se reduce cada vez más a “individuo” aislado que se sitúa en un contexto de cambios acelerados sobre los que no acierta a tener un juicio claro. Su conexión con un cierto patrimonio común, con una idea compartida del mundo, se la ofrece entonces la comunicación global. Y no dispone de elementos de criba, de discernimiento. El hombre supuestamente autónomo, en su burbuja, se vuelve mucho más vulnerable al impacto de unos mensajes/imágenes masivos, que se gestan en un ámbito absolutamente inasequible para el receptor.

b) La sustitución educativa. Todo esto sucede no sólo ni principalmente por la potencia de los MCS (tecnología, redes, etc…) sino por la incapacidad educativa de los lugares a los que (poco o mucho) siguen ligadas las personas. Ni la familia, ni la escuela, ni las comunidades sociales, incluidas las religiosas, tienen hoy, en general, una relevancia educativa clara: éste es el drama. Y en este contexto de debilidad, los medios asumen un papel educativo totalmente abusivo, que no les corresponde. Si a ello añadimos una creciente tentación moralizante o de diseño social, que alimentan los poderes mediáticos, tenemos el cóctel perfecto: ciudadano anónimo y desvinculado, que navega sin rumbo en el océano de una comunicación global en la que hay de todo, pero cuyos vectores son los del pensamiento dominante.

XIX Domingo del Tiempo Ordinario

13 de agosto de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Permanece de pie en el monte ante el Señor (1 Re 19, 9a. 11-13a)
  • Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación (Sal 84)
  • Desearía ser un proscrito por el bien de mis hermanos (Rom 9, 1-5)
  • Mándame ir a ti sobre el agua (Mt 14, 22-33)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf
(Nota.- Al no disponer de la homilía correspondiente a la fiesta de la Transfiguración del Señor, se ha puesto una homilía que hace referencia al Cantar de los Cantares).

Amigo de los hombres

¡Amigo de los hombres,
Salvador bendito, alabado y exaltado!
Tú eres refugio fortificado, abrigo seguro,
bondad que excluye toda maldad,
Tú perdonas el pecado y curas toda herida,
Tú realizas lo imposible y alcanzas lo inaccesible,

Camino de vida,
Tú eres el primer guía en el camino del Amor,
Tú me conduces con dulzura en mi marcha hacia la Luz,
Tú me das confianza y no me abandonas en mis caídas,

Liberador desinteresado,
Tú no quieres que ningún hombre se condene,
Tú das plenamente la salvación sin pedir nada a cambio,
Tú enriqueces con tu gloria la oscuridad de mi barro,

Claridad sin sombra,
Tú me envuelves y me cubres, en mi miseria,
Tú me iluminas con los rayos de tu grandeza infinita,
Tú me vuelves a hacer glorioso en tu luz,
Tú me renuevas y me devuelves mi belleza primera,

Remedio infalible de vida,
Tú reparas las faltas de mi libertad cautiva,
Tú devuelves la vida a los muertos sin aliento,
Tú eres Salvador de quienes te suplican,

Creador de todas las cosas,
Tú no permites que se dude de tu poder infinito,
Tú restauras a quien ha sido quemado por el fuego,
Tú recompones a quien ha sido dispersado a los cuatro vientos,
Tú reconstruyes a quien ha sido devorado por los dientes de las fieras,
Tú, en un abrir y cerrar de ojos, resucitas a los muertos.

Tu Nombre ha sido proclamado:
¡HIJO DE DIOS!
¡A Ti que lo has creado todo,
A Ti que reinas sobre todo,
por quien todo existe,
a Ti la gloria de parte de todos,
por los siglos de los siglos!
AMÉN.

San Gregorio de Narek
(944-1010)

Domingo. Transfiguración del Señor.

6 de agosto de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Su vestido era blanco como nieve (Dan 7, 9-10. 13-14)
  • El Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra (Sal 96)
  • Esta voz del cielo es la que oímos (2 Pe 1, 16-19)
  • Su rostro resplandecía como el sol (Mt 17, 1-9)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf
(Nota.- Al no disponer de la homilía correspondiente a la fiesta de la Transfiguración del Señor, se ha puesto una homilía que hace referencia al Cantar de los Cantares).

La voluntad de poder

(O’Brien, miembro del Partido interior, es decir, de la esencia del Partido, está intentando “reeducar” a Winston Smith, utilizando la tortura cuando sus respuestas no son las adecuadas)

-Ahora dime, ¿por qué nos aferramos al poder? ¿Cuál es nuestro motivo? ¿Por qué deseamos el poder? Habla -añadió al ver que Winston no le respondía.

(…)

-Nos gobernáis por nuestro propio bien -dijo débilmente Smith-. Creéis que los seres humanos no están capacitados para gobernarse, y en vista de ello…

Estuvo a punto de gritar. Una punzada de dolor se le había clavado en el cuerpo. O’Brien había presionado la palanca y la aguja de la esfera marcaba treinta y cinco.

Eso fue una estupidez, Winston; has dicho una tontería. Deberías de tener un poco más de sensatez.

Volvió a soltar la palanca y prosiguió:

-Ahora te diré la respuesta a mi pregunta. Se trata de esto: el Partido quiere tener el poder por amor al poder mismo. No nos interesa el bienestar de los demás; sólo nos interesa el poder. No la riqueza ni el lujo, ni la longevidad ni la felicidad; sólo el poder, el poder puro. Ahora comprenderás lo que significa el poder puro. Somos diferentes de todas las oligarquías del pasado porque sabemos lo que estamos haciendo. Todos los demás, incluso los que se parecían a nosotros, eran cobardes o hipócritas. Los nazis alemanes y los comunistas rusos se acercaban mucho a nosotros por sus métodos, pero nunca tuvieron el valor de reconocer sus propios motivos. Pretendían, y quizás lo creían sinceramente, que se habían apoderado de los mandos contra su voluntad y para un tiempo limitado y que a la vuelta de la esquina, como quien dice, había un paraíso donde todos los seres humanos serían libres e iguales. Nosotros no somos así. Sabemos que nadie se apodera del mando con la intención de dejarlo. El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura. El objeto de la persecución no es más que la persecución misma. La tortura sólo tiene como finalidad la misma tortura. Y el objeto del poder no es más que el poder. ¿Empiezas a entenderme?

Somos los sacerdotes del poder -dijo-. El poder es Dios. Pero ahora el poder es sólo una palabra en lo que a ti respecta. Y ya es hora de que tengas una idea de lo que el poder significa. Primero debes darte cuenta de que el poder es colectivo. El individuo sólo detenta poder en tanto deja de ser un individuo. Ya conoces la consigna del Partido: “La libertad es la esclavitud”. ¿Se te ha ocurrido pensar que esta frase es reversible? Sí, la esclavitud es la libertad. El ser humano es derrotado siempre que está solo, siempre que es libre. Ha de ser así porque todo ser humano está condenado a morir irremisiblemente y la muerte es el mayor de todos los fracasos; pero si el hombre logra someterse plenamente, si puede escapar de su propia identidad, si es capaz de fundirse con el Partido de modo que él es el Partido, entonces será todopoderoso e inmortal. 

Lo segundo que tienes que darte cuenta es que el poder es poder sobre los seres humanos. Sobre el cuerpo, pero especialmente sobre el espíritu. El poder sobre la materia…, la realidad externa, como tú la llamarías…, carece de importancia. Nuestro control sobre la materia es, desde luego, absoluto (…) El verdadero poder, el poder por el que tenemos que luchar día y noche, no es poder sobre las cosas, sino sobre los hombres. -Después de una pausa, asumió de nuevo su aire de maestro de escuela examinando a un discípulo prometedor-: Vamos a ver, Winston, ¿cómo afirma un hombre su poder sobre otro?

XVII Domingo del Tiempo Ordinario

30 de julio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Pediste para ti inteligencia (1 Re 3, 5. 7-12)
  • ¡Cuánto amo tu ley, Señor! (Sal 118)
  • Nos predestinó a reproducir la imagen de su Hijo (Rom 8, 28-30)
  • Vende todo lo que tiene y compra el campo (Mt 13, 44-52)
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Las tres virtudes

La virtud que más me gusta, dice Dios, es la esperanza.
La fe es algo que no me extraña,
que no tiene nada de raro.
Porque ¡brillo de tal manera en mi creación!

En el sol, en la luna y en las estrellas,
en todas mis criaturas.
En los astros del firmamento y en los peces del mar,
en las plantas y en los animales y en las bestias de la selva,
y en el hombre,
mi criatura.

(…)

La caridad, dice Dios, es algo que no me extraña en absoluto,
que no tiene nada de extraño.
Estas pobres criaturas son tan desdichadas que, a menos de tener un corazón de piedra ¿cómo no iban a tener caridad las unas con las otras?
¿Cómo no iban a tener caridad con sus hermanos?
¿Cómo no se iban a quitar el pan de la boca, el pan de cada día, para dárselo a los pobres niños que van de puerta en puerta?

¡Y mi Hijo tuvo para con ellos una caridad tan enorme!
¡Mi Hijo, su hermano, les tuvo tanto amor!

Pero la esperanza, dice Dios, esto sí que me extraña,
me extraña hasta a Mí mismo,
esto si que es algo verdaderamente extraño.
Que estos pobres hijos vean cómo marchan hoy las cosas y que crean que mañana irá todo mejor,
esto sí que es asombroso y es, con mucho, la mayor maravilla de nuestra gracia.
Yo mismo estoy asombrado de ello.
Es preciso que mi gracia sea efectivamente de una fuerza increíble
y que brote de una fuente inagotable
desde que comenzó a brotar por primera vez
como un río de sangre del costado abierto de mi Hijo.

¿Cuál no será preciso que sea mi gracia y la fuerza de mi gracia para que esta pequeña esperanza, vacilante ante el soplo del pecado, temblorosa ante los vientos, agonizante al menor soplo,
siga estando viva, se mantenga tan fiel, tan en pie,
tan invencible y pura e inmortal e imposible de apagar como la pequeña llama del santuario
que arde eternamente en la lámpara fiel?

De esta manera una llama temblorosa ha atravesado el espesor de los mundos,
una llama vacilante ha atravesado el espesor de los tiempos,
una llama imposible de dominar, imposible de apagar al soplo de la muerte,
la esperanza.
Lo que me asombra, dice Dios, es la esperanza,
y no salgo de mi asombro.
Esta pequeña esperanza que parece una cosita de nada,
esta pequeña niña esperanza,
inmortal.

Porque mis tres virtudes, dice Dios, mis criaturas,
mis hijas, mis niñas,
son como las otras criaturas de la raza de los hombres:
la Fe es una esposa fiel,
la Caridad es una madre, una madre ardiente, toda corazón,
o quizás es una hermana mayor que es como una madre.
Y la Esperanza es una niñita de nada
que vino al mundo la Navidad del año pasado
y que juega todavía con Enero, el buenazo,
con sus arbolitos de madera de nacimiento, cubiertos de escarcha pintada,
y con su buey y su mula de madera pintada,
y con su cuna de paja que los animales no comen porque son de madera.

Pero, sin embargo, esta niñita esperanza es la que atravesará los mundos, esta niñita de nada,
ella sola, y llevando consigo a las otras dos virtudes,
ella es la que atravesará los mundos llenos de obstáculos.
Como la estrella condujo a los tres Reyes Magos desde los confines del Oriente, hacia la cuna de mi Hijo,
así una llama temblorosa, la esperanza,
ella sola guiará a las virtudes y a los mundos,
una llama romperá las eternas tinieblas.

Por el camino empinado, arenoso y estrecho,
arrastrada y colgada de los brazos de sus dos hermanas mayores,
que la llevan de la mano,
va la pequeña esperanza
y en medio de sus dos hermanas mayores da la sensación de dejarse arrastrar
como un niño que no tuviera fuerza para caminar.

Pero, en realidad, es ella la que hace andar a las otras dos,
y la que las arrastra.
Porque en verdad no se trabaja sino por los hijos
y las dos mayores no avanzan sino gracias a la pequeña.


Autor: Charles PÉGUY
Título: Palabras cristianas. Selección, traducción e introducciones de José Luis Martín Descalzo y José Jiménez Lozano
Ediciones Sígueme, Salamanca, 1982, pp. 23-28

XVI Domingo del Tiempo Ordinario

23 de julio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Concedes el arrepentimiento a los pecadores (Sab 12, 13. 16-19)
  • Tú, Señor, eres bueno y clemente (Sal 85)
  • El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables (Rom 8, 26-27)
  • Dejadlos crecer juntos hasta la siega (Mt 13, 24-43)
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Nueve cosas que le gustan al Diablo

En este retiro queremos considerar, con la ayuda de Dios, nueve cosas que le agradan al Diablo y que están muy presentes en nuestro mundo, en nuestra sociedad. Señalarlas debe encender en cada uno de nosotros las correspondientes alarmas, para apartarnos de ellas y no entrar en el juego de nuestro Enemigo. 


EL PLAN DE DIOS Y EL PLAN DEL DIABLO SOBRE LAS CRIATURAS: COMUNIÓN FRENTE A ABSORCIÓN


Razona el Diablo por boca de C. S. Lewis: “Para nosotros (los demonios), un humano es, ante todo, un alimento, nuestra meta es absorber su voluntad en la nuestra, el aumento a su expensa de nuestra propia área de personalidad. Pero la obediencia que el Enemigo exige de los hombres es otra cuestión. Hay que encararse con el hecho de que toda la palabrería acerca de Su amor a los hombres, y de que Su servicio es la libertad perfecta, no es (como uno creería con gusto) mera propaganda, sino espantosa verdad. Él realmente quiere llenar el universo de un montón de odiosas réplicas de Sí mismo: criaturas cuya vida, a escala reducida, será cualitativamente como la Suya propia, no porque Él las haya absorbido, sino porque sus voluntades se pliegan libremente a la Suya. Nosotros queremos ganado que pueda finalmente convertirse en alimento; Él quiere siervos que finalmente puedan convertirse en hijos. Nosotros queremos sorber; Él quiere dar. Nosotros estamos vacíos y querríamos estar llenos; Él está lleno y rebosa. Nuestro objetivo de guerra es un mundo en el que Nuestros Padre de las Profundidades haya absorbido en su interior a todos los demás seres; el Enemigo desea un mundo lleno de seres unidos a Él, pero todavía distintos y libres frente a Él. En consecuencia, Dios no puede seducir. Sólo puede cortejar. Porque su innoble idea es comerse el pastel y conservarlo; las criaturas han de ser una sola cosa con Él, pero también ellas mismas; meramente cancelarlas, o asimilarlas, no le serviría”.

Lo demoníaco consistiría, pues, en una incapacidad total para la comunión, es decir, para entablar una relación en la que se respete la alteridad del otro y se entre en relación con él sin destruirlo, sin anularlo. El demonio no sabe o no quiere hacer esto, sino que lo que quiere es absorber al otro, destruyéndolo y convirtiéndolo en su propia sustancia, pero desapareciendo el otro en su alteridad. En consecuencia, todo lo que destruye al hombre le agrada al Diablo. Por ejemplo:


1) La libertad entendida sólo como negatividad, como capacidad de decir “no”


Para la mayoría de nuestros contemporáneos la libertad consiste en la posibilidad de decir “no” al bien que se le presenta al hombre. La libertad es entendida como el derecho a no obedecer, olvidando, en primer lugar, que la libertad no es un derecho sino un riesgo, un coraje que hay que correr continuamente, tanto en el terreno político como en el del espíritu.

XV Domingo del Tiempo Ordinario

16 de julio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • La lluvia hace germinar la tierra (Is 55, 10-11)
  • La semilla cayó en tierra buena, y dio fruto (Sal 64)
  • La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios (Rom 8, 18-23)
  • Salió el sembrador a sembrar (Mt 13, 1-23)
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Fuego y luz












Fuego y luz que resplandeces
en el rostro de Cristo,
fuego cuya venida es palabra,
fuego cuyo silencio es luz,
fuego que instauras los corazones
en la acción de gracias,
ven, Espíritu Santo,
impregna nuestras almas de la dulzura de tu Amor.

Tú que reposas en Cristo,
Espíritu de inteligencia y sabiduría,
Espíritu de consejo y de fuerza,
Espíritu de ciencia y de temor,
ven, Espíritu Santo,
ilumina nuestras mentes con la luz de la Verdad.

Tú que escrutas las profundidades de Dios,
Tú que iluminas las tinieblas de nuestro corazón,
Tú que te unes a nuestro espíritu,
Tú por quien reflejamos el rostro del Señor,
ven, Espíritu Santo,
sacia con tu agua viva la sed de nuestro corazón.

XIV Domingo del Tiempo Ordinario

9 de julio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Mira a tu rey que viene a ti pobre (Zac 9, 9-10)
  • Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey (Sal 144)
  • Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis (Rom 8, 9. 11-13)
  • Soy manso y humilde de corazón (Mt 11, 25-30)
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La muerte del abuelo

En primavera supimos que mi abuelo, el padre de mi madre, había caído gravemente enfermo y que sus días estaban contados. Mi abuelo recibió la amarga noticia en silencio. Su mirada circular se redondeó aún más. Por la noche le dijo a mi madre: “Esta separación que hay entre los vivos y los muertos es una separación imaginaria. El tránsito es más fácil de lo que nosotros suponemos. Se trata tan sólo de cambiar de lugar y pasar a un nivel más alto”. Al oír sus palabras mi madre se echó a llorar como una criatura.

Sus hábitos cotidianos no se vieron afectados en modo alguno. Por la mañana iba a rezar y a la vuelta comía algo y se sentaba en la terraza, lo que constituía para él una especie de preparación a la lectura diaria. A veces estudiaba el mismo libro durante muchos días y en otras ocasiones cambiaba, pero en su mesa no había nunca más de un libro. Cada cierto tiempo mi madre le llevaba una taza de té con limón. El abuelo le daba las gracias y le preguntaba algo, y mi madre se sentaba a su lado. Era evidente que quería a su hija y que le alegraba tenerla cerca.

Una vez al día yo entraba a verlo. Solía acariciarme la cabeza mientras me mostraba las letras de un libro que estaba leyendo y me contaba una pequeña historia o una parábola. Una vez me contó algo que no llegué a comprender. Él probablemente se dio cuenta de que no lo había captado y me dijo: “No importa, lo importante es amar esta mañana”. Tampoco entendí esta expresión y, a pesar de todo, ha permanecido grabada en mi memoria hasta el día de hoy como un enigma agradable. Era tan diferente de nosotros que a veces me parecía que no nos pertenecía, sino que había venido a visitarnos desde otros mundos.

En primavera seguía todavía en el pueblo donde habían nacido él, sus padres y los padres de sus padres. Al principio se negaba a abandonar su propiedad, pero cuando su enfermedad empeoró y requirió tratamientos en el hospital, aceptó venir a la ciudad. Mi madre le preparó una habitación y fue a buscarlo en el carruaje.